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Dominicanos Primero y simpatía partidaria: irrumpe con 7 %

Dominicanos Primero

Dominicanos Primero y la simpatía partidaria irrumpen en el escenario electoral con un 7% que descoloca a las cúpulas tradicionales de República Dominicana. Una cifra impensable meses atrás para una organización emergente sin reconocimiento legal definitivo. El proyecto liderado por el empresario Santiago Matías entra en las mediciones formales y marca presencia directa frente a maquinarias que llevan décadas dominando las urnas.

El dato no proviene de un cálculo al azar.

El levantamiento presencial, realizado por la firma de investigación política y social, fue publicado por la redacción del diario digital De Último Minuto, lo que refleja la primera gran fotografía sobre el ánimo del electorado rumbo a los comicios de 2028. En la consulta sobre la preferencia de las organizaciones, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) encabeza la tabla con un 41 %, seguido por la Fuerza del Pueblo con un 24 % y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) con un 20 %.

El 7 % alcanzado por la naciente estructura desplaza a las fuerzas minoritarias históricas del país caribeño y supera el 5 % de los ciudadanos que afirmaron no identificarse con ninguna entidad.

El fenómeno digital se traslada a las calles con una rapidez inusual.

El quiebre del mapa político tradicional dominicano

La entrada de este nuevo actor fractura el reparto habitual entre el oficialismo y la oposición formal. Para miles de jóvenes desencantados con el discurso partidario clásico, la plataforma representa un canal de expresión directo, alimentado por las plataformas de difusión masiva.

El estudio incorporó, además, una pregunta sobre la percepción de la victoria en el torneo de 2028. En ese renglón, el colectivo de Matías capturó un 6 % de las respuestas ciudadanas, frente al 43 % del oficialismo, al 28 % de la Fuerza del Pueblo y al 21 % del partido morado. La cifra evidencia que un segmento de votantes considera viable una disrupción electoral fuera de las estructuras tradicionales.

Para los partidos convencionales, el ascenso de Dominicanos Primero enciende las alarmas en plazas urbanas como el Gran Santo Domingo, Santiago y San Cristóbal. Son precisamente las demarcaciones donde la penetración de los medios digitales y el voto joven deciden elecciones reñidas.

Los promotores de la organización intensificaron durante las últimas semanas sus jornadas de empadronamiento y captación de militantes en diversos puntos del país, buscando convertir la notoriedad de las redes en votos contables en los colegios electorales.

La batalla legal ante la Junta Central Electoral

La simpatía reflejada en las encuestas choca con la realidad administrativa. La organización aún carece de personería jurídica definitiva y debe cumplir con los requisitos establecidos en la Ley de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos.

El expediente formal ingresó a las oficinas del organismo de comicios en agosto, lo que dio inicio al trámite para obtener la personería jurídica. Días después, el tribunal de comicios validó el depósito de los elementos de identidad gráfica: el logotipo, la bandera, los colores institucionales y el lema oficial “Primero tú, primero nosotros, primero RD”.

Sin embargo, el camino legal exige fiscalizaciones territoriales exhaustivas. Los inspectores electorales deben verificar la existencia de locales abiertos en los municipios cabecera, de padrones con firmas validadas y de directivas provinciales debidamente juramentadas.

Cualquier tropiezo técnico en el cumplimiento de los plazos establecidos por las leyes electorales dejaría la propuesta fuera de la boleta presidencial.

El cronograma de reconocimiento rumbo a 2028

El calendario de la Junta Central Electoral establece fechas límite para la certificación de nuevas organizaciones políticas antes de la apertura oficial de las precampañas. La Comisión de Partidos Políticos del órgano electoral tiene a su cargo auditar los libros de firmas y constatar que los apoyos no dupliquen militancias de otros padrones reconocidos.

Mientras los inspectores revisan la documentación en las oficinas electorales, las firmas encuestadoras continúan midiendo el pulso de la calle. La política dominicana entra en un terreno impredecible donde las métricas de audiencia y el voto popular comienzan a competir de tú a tú en el mismo cuadrilátero.

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