Los estudiantes de Honduras, una comunidad del municipio de Tamayo, enfrentan un peligro diario en su búsqueda del saber. Con el próximo inicio del año escolar 2025-2026, pautado para el 25 de agosto, la angustia regresa para decenas de familias que ven a sus hijos arriesgar la vida para poder continuar su educación básica, una situación que se repite año tras año ante la mirada indiferente de las autoridades.
El centro educativo de la comunidad, llamado Antonio Duvergue Duval, es un reflejo del abandono. Con más de dos décadas esperando una reconstrucción que nunca llega, la escuela solo puede ofrecer clases hasta el cuarto grado de primaria. La edificación se encuentra en un estado de vulnerabilidad extrema, obligando a los niños que desean seguir estudiando a buscar otras opciones en localidades cercanas.
Una travesía peligrosa por el conocimiento
Para poder cursar a partir del quinto grado, los niños y niñas deben trasladarse a las comunidades de El Higuito o Fondo Negro. Este trayecto implica el desafío más grande y peligroso de todos: cruzando el río Yaque del Sur. La única forma de atravesarlo es mediante una balsa improvisada, construida con apenas cuatro tanques de plástico, que expone a los menores a riesgos constantes de ahogamiento, accidentes o incluso abusos.
La jornada para estos pequeños comienza a las 6:00 de la mañana. Después de caminar largas distancias, llegan a la orilla del río donde deben pagar 50 pesos para usar la precaria balsa. Algunos, por no tener el dinero, se ven forzados a nadar, mientras que otros son exonerados del pago. Una vez al otro lado, su viaje no termina, pues dependen de la amabilidad de conductores que les den “bolas” para llegar finalmente a sus destinos educativos.
Años de promesas y abandono
La voz de alerta no es nueva. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP), a través de su presidente en el municipio de Tamayo, Luis Medina, ha denunciado esta grave situación desde el año 2018 sin obtener una respuesta concreta. Medina relató que en una ocasión recibieron la visita de ingenieros del Ministerio de Educación, quienes inspeccionaron el plantel y determinaron que no era apto para ser reconstruido, recomendando su demolición total.
A pesar de esta recomendación técnica, la escuela en Tamayo sigue funcionando en condiciones iguales o peores, albergando a los más pequeños. Los comunitarios, cansados de esperar, exigen al menos la construcción de una verja perimetral, ya que actualmente personas y animales pueden entrar al plantel sin control, interrumpiendo la docencia en las pocas aulas que todavía se utilizan para los estudiantes de Honduras.
Un puente es la solución definitiva
Los residentes de Honduras de Tamayo no solo piden por la escuela, sino que reclaman con urgencia la construcción de un puente sobre el río Yaque del Sur. Esta obra beneficiaría a toda la comunidad, no solo a los estudiantes. Los agricultores de la zona también se ven obligados a utilizar las mismas balsas improvisadas para transportar sus productos a la ciudad, lo que representa una pérdida de tiempo y un riesgo constante.
"Es lamentable que en pleno siglo XXI nuestros niños y niñas estén condenados a arriesgar sus vidas para estudiar", expresaron los comunitarios. Su llamado se extiende una vez más al Ministerio de Educación y al Gobierno Central, con la esperanza de que finalmente se brinde una respuesta a un problema que pone en juego el futuro y la seguridad de sus hijos.
Fuente: z101digital.com
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