La Ley Orgánica de la Policía establece mandatos claros sobre la duración de las funciones de sus altos mandos, pero la situación actual ha generado un fuerte debate en la opinión pública. Diversos sectores de la sociedad dominicana cuestionan por qué el presidente Luis Abinader no ha procedido con la sustitución del actual incumbente, el mayor general Ramón Antonio Guzmán Peralta. Según la normativa vigente, el tiempo estipulado para su gestión ya se ha cumplido, lo que abre la interrogante sobre si el ejecutivo estaría pasando por alto la institucionalidad o si se trata de una maniobra de poder desde el Palacio Nacional.
El plazo vencido y la normativa
El cumplimiento de La Ley Orgánica de la Policía es vital para mantener el orden institucional. Expertos en derecho administrativo señalan que extender el mandato de un jefe policial sin justificación legal clara podría interpretarse como una violación directa a los estatutos que rigen la uniformada. No se trata simplemente de un retraso administrativo, sino de una acción que críticos de la oposición califican como un abuso de poder amparado en la figura presidencial.
La permanencia de Guzmán Peralta en la dirección del cuerpo del orden levanta sospechas sobre los motivos reales detrás de esta inmovilidad. Se habla de una red de favores y compromisos políticos que impiden la designación de un nuevo rostro al frente de la institución. Mantener a un funcionario más allá del tiempo reglamentario envía una señal confusa a la población que espera transparencia y apego a las leyes, tal como se promete en los discursos oficiales citados por medios como Listín Diario y otros rotativos nacionales.
Dudas sobre el patrimonio del general
A la controversia legal se suma un tema mucho más delicado que circula en las calles y redes sociales: el origen de la fortuna que ostenta el actual Director de la Policía Nacional. Resulta difícil para el ciudadano común comprender cómo un oficial, devengando un salario regulado por la nómina pública, puede acumular una riqueza tan visible.
Se han señalado propiedades que incluyen fincas, apartamentos de lujo y cuentas bancarias con montos que no concuerdan con los ingresos históricos de un servidor público, por alto que sea su rango. Además de los bienes inmuebles, llama la atención la flota de autos de alta gama y el costoso equipo de seguridad privado que custodia estos activos. Matemáticamente, es imposible justificar dicha fortuna basándose únicamente en el sueldo de un general en la República Dominicana. Este contraste entre los ingresos formales y el nivel de vida exhibido es lo que alimenta la desconfianza de la población.
El silencio de ciertos sectores
Otro punto que genera suspicacia es el apoyo incondicional que recibe Guzmán Peralta de ciertos comunicadores y sectores influyentes. A pesar de las evidencias y del vencimiento de su periodo, existen voces en los medios que defienden su permanencia o guardan un silencio cómplice.
Analistas sugieren que este respaldo no es gratuito. Se presume que estos defensores mediáticos podrían estar recibiendo beneficios directos o indirectos de la actual gestión policial. La falta de crítica por parte de figuras que usualmente fiscalizan al gobierno hace pensar que existen intereses ocultos que pesan más que el cumplimiento de la ley. Mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando una respuesta clara del presidente Abinader sobre por qué se mantiene esta situación que parece vulnerar la propia ley que prometió respetar.
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