Donald Trump no dio marcha atrás con lo de California. El mandatario estadounidense redobló la apuesta ante miles de simpatizantes en Texas, donde ratificó sus comentarios sobre posibles ataques contra Los Ángeles y San Diego en el marco del conflicto bélico con Irán. La frase inicial, pronunciada días antes en Nebraska, encendió las alarmas institucionales en la Costa Oeste al sugerir que la destrucción de ambas urbes representaba un costo menor ante la pugna internacional.
La controversia escaló de inmediato a los despachos estatales y federales. Lejos de moderar el tono durante su presentación en San Antonio, el líder republicano insistió en su argumento, aunque matizó que su administración impedirá cualquier agresión en territorio norteamericano.
El mensaje generó perplejidad entre aliados y detractores.
El origen de la retórica en Nebraska y el choque con Irán
La fricción comenzó durante un acto político en Grand Island, Nebraska. Al abordar el alza en los precios del combustible ligada a las hostilidades con Teherán, Trump minimizó el impacto económico y soltó una advertencia que sacudió los despachos demócratas: consideró que la inflación energética era un precio pequeño a pagar frente a la posibilidad de que misiles extranjeros alcancen grandes centros urbanos.
"Pueden destruir una ciudad. Que destruyan Los Ángeles, que destruyan San Diego", afirmó en esa primera tarima.
La justificación oficial de su equipo intentó encuadrar la frase en un escenario hipotético sobre lo que Teherán buscaría si desarrollara armamento nuclear de largo alcance. No obstante, el eco de sus palabras reabrió una vieja pugna territorial con dos localidades que albergan a más de 13 millones de personas y concentran infraestructura militar de primer orden, incluida la base naval de San Diego y divisiones aeroespaciales en Los Ángeles.
La respuesta comunitaria no tardó en llegar. Todd Gloria, alcalde de San Diego, subrayó que los residentes de la costa no son peones sacrificables ni daño colateral negociable.
Respuestas de emergencia y alerta estatal en la Costa Oeste
El gobernador Gavin Newsom instruyó al Centro de Evaluación de Amenazas del Estado de California a coordinar protocolos de vigilancia activa tras el discurso. Karen Bass, alcaldesa de Los Ángeles, calificó las declaraciones de irresponsabilidad institucional que pone en entredicho la seguridad de la segunda urbe más poblada de la unión americana.
El cruce de reproches desató una marcada tensión política en Estados Unidos, con acusaciones mutuas de negligencia en materia de seguridad nacional. En paralelo, medios como The Guardian detallaron el rechazo proveniente incluso de filas conservadoras locales.
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