Un poco de felicidad

Por Fernando A. De León

 ¡Eureka! Al fin, tengo un poco de felicidad. Los momentos felices, entre los desharrapados y los de abajo no llegan a plenitud. Llegan por procesos casuísticos. En otras palabras, por destellos, o a cuentagotas.

 Y, de alguna forma, ese bienestar se asoma cuando desbrozamos estrés, aprensiones e incertidumbres. Puedo decir que se ha cumplido lo de nuestra paremiología o refranero de que: “nadie es profeta en su tierra”. Hay cierto bienestar en mi familia inmediata. Pero en consecuencia, hoy, me siento profeta en Nueva York.

 Aunque no puedo predecir el futuro, hasta ahora me siento satisfecho porque mis hijos y nietos, en estos lares estadounidenses no tienen mayores carencias elementales. Ninguno estará expuesto a una desoladora orfandad en la que una madre les diga a algunos: “busca a tu padre”.

 Lo lamentable es, que estos esplendores de felicidad nos regocijan fuera de la patria. Aunque sin proponérmelo, hube de partir hacia esta urbe para que ello fuese así. Sin asimilar todavía la cotidianidad neoyorquina y sus contornos, puedo decir que también se ha cumplido aquello de que: “no hay mal que por bien no venga”.

 Es casi seguro que de haber crecido en República Dominicana, mis descendientes hubiesen tenido una cotidianidad menos afortunada. No les habría beneficiado un padre y abuelo inadaptado y “paranoico”; que no transige con sus principios; que no flirtea con los protagonistas de nuestro intrincado, inefable y pernicioso mundillo político.

 Nuestros gobiernos no solo nos obligan emigrar, sino a hacer familia en otras latitudes; y aun con sus fallas, pero con cierta institucionalidad y garantía, rastrear una mejor calidad de vida. En realidad el pregonado cambio, fue y es, un simple señuelo electoral.

 Para ser honesto debo decir que vivo solo, y aun así mis hijos y nietos no han tenido mayores trastornos existenciales. Lo asombroso de esto, claro, siempre me remito a mi caso, es que el único apoyo que les he prodigado es mi conducta y condición de digno migrante. No tengo riquezas materiales. Pareciera que este comportamiento se convierte en herencia.

 Hoy puedo decir que, aunque no me guste Estados Unidos y que quedé atascado en estas tierras, hasta este momento tengo la satisfacción de ver que no atraviesan por los avatares que a mí me afectaron.

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.


Discover more from Noticias de República Dominicana y el Mundo al Minuto – EnMinutos.net

Subscribe to get the latest posts sent to your email.