¿A qué se le teme?

 

 Por Fernando A. De León

 Si las elecciones presidenciales y congresuales, programadas para mayo próximo se pospusieran para poco o más de un año, podría ser que el caudal de la intención del voto del presidente Luis Abinader, disminuyese considerablemente.

  No es correcto que, el gobierno de un presunto cambio, sin previo anuncio en un tiempo prudente, a sus gobernados que ya sufren calamidades socio-económicas, les suspenda carnavales, asuetos y días feriados; mitigue alegrías, provoque merma en las economías de comercios y negocios menores, y actividades de entretenimientos.

 Aunque estemos celebrando o conmemorando la Semana Santa que sabemos no son días tan santos, la gente se divierte, y no se deben asumir actitudes cuasi despóticas prohibiendo el sano esparcimiento de la mayoría de los dominicanos, por supuestas medidas preventivas.

 ¿A qué se le teme? Si de prevención se trata, el reciente caso de la Penitenciaria Nacional de La Victoria en donde por causa de un incendio murieron, mal contados, unos 13 internos, sí requería con antelación de serias prevenciones. Parecería que la muerte de los internados es menos trascendente.

 ¿El gobierno está asustado?  ¿Acaso se teme que debido a  negligencias por vendettas políticas, las muertes de esos reclusos en los que hay algunos que todavía no aparecen, en pleno asueto, se suscite una poblada similar a la de 1984, u otra contingencia?

  Viene a cuento el decirle al presidente Luis Abinader lo que le dijo alguna vez su padre al general romano Publio Cornelio Escipión, durante sus enfrentamientos contra los cartagineses: “Las batallas se pueden ganar con el corazón, pero las guerras solo se pueden ganar con la cabeza”.

  Se le debe precisar al mandatario que el gobierna para el conglomerado de República Dominicana. Un pueblo no plenamente desarrollado que no es feliz, aunque se quiera decir lo contrario. Por lo tanto, escapa a esa realidad, divirtiéndose a su manera.

  Pero, además, si se aplicaran prevenciones, por encima de todo debería dárseles prioridad a evitar inconvenientes como las muertes de los reclusos de La Victoria; revelar exactamente que provocó la explosión con el saldo de muertos en San Cristóbal, y otros trágicos sucesos que, ni se previnieron, ni se han dado resultados de sus investigaciones.

 El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.


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