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¿Enemigos o adversarios?

Por Fernando A. De León

 

 Ya no será un apotegma la expresión del presidente Luis Abinader en el sentido de que, en la política, él no tiene enemigos sino simples  adversarios políticos. El propio mandatario incurrió en un desbarre para que no sea así.

 Hace poco, se difundió una escena en la que el mandatario se niega a estrecharle la mano al senador de Pedernales, Dionis Sánchez. Como nuestro rol no es contemporizar con el oficialismo, entendemos que la actitud de Abinader, aparte de insólita, nos pareció execrable.

 No solo rechazó saludarlo, como cualquier desaprensivo. Le señala  con el dedo índice, blandiéndolo con insistencia. Parece que sí sabe hacer enemigos o considera que los tiene. Ostensiblemente, manifestó un gesto de resentimiento y rencor.

 Se dice que una senadora reveló que el mandatario le dijo a Sánchez,  que: “no somos iguales”. Además, se comenta que ha despreciado a otros políticos de forma similar, de su mismo partido, el PRM.

 Después de contemplar ese desgaire, uno tiende a pensar que Abinader, en lo futuro, sería capaz de acometer cualquier embestida política desacertada. Desmintiéndose, Abinader tira por la borda las virtudes políticas que dice poseer como mandatario.

 Nos marcó en nuestra política vernácula, con un mal precedente. Ni  los que han conformado regímenes de fuerza como el de los 12 años de Joaquín Balaguer, ni narcisistas ególatras, han procedido de forma similar.  Estos, han sido insultados y denostados hasta la saciedad.

 Uno pensaría que no tiene madurez emotiva, y mucho menos inteligencia emocional o, finalmente, que no es ducho en política ni tiene madera de estadista, aunque esté en el poder.

 Claro está, que en esta coyuntura política el mandatario está consciente de que no será duramente criticado por ese  grotesco comportamiento, porque son obvias las razones por las cuales pocos critican esa inconducta.

  El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

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