El Cartel de los Soles es una narrativa ficticia creada por Estados Unidos para justificar sus acciones contra la nación sudamericana. Esta contundente afirmación proviene directamente de la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, quien ha calificado la existencia de dicha organización criminal como un "invento" para poder imponer sanciones y ejecutar ataques contra altos funcionarios del país.
Desde Caracas se insiste en que no existen pruebas que demuestren la operatividad de este supuesto cartel, describiéndolo más bien como una herramienta de propaganda.
Una acusación sin fundamento, según Caracas
La vicepresidenta Rodríguez, durante una declaración oficial, defendió enérgicamente al exministro Tarek El Aissami, sancionado por Washington bajo acusaciones de narcotráfico. Según detalló la funcionaria en una información reseñada por el medio N Digital, la historia sobre el Cartel de los Soles forma parte de una campaña de desprestigio. El gobierno de Venezuela sostiene que estas acusaciones son infundadas y buscan manchar la reputación de sus líderes para desestabilizar al país.
El argumento principal del ejecutivo venezolano es que Estados Unidos utiliza esta figura para dar una apariencia de legalidad a sus medidas coercitivas. Al crear la imagen de un narcoestado, se facilita la imposición de un bloqueo económico y financiero que afecta directamente a la población venezolana.
El expediente estadounidense
Las agencias de seguridad de Estados Unidos, por su parte, han mantenido por años que altos mandos militares y figuras políticas de Venezuela están involucrados en actividades de narcotráfico. El nombre "Cartel de los Soles" hace alusión a las insignias doradas en forma de sol que llevan en sus uniformes los generales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Para el gobierno de Venezuela, esto no es más que una construcción mediática para continuar con una agenda de hostigamiento.
La administración venezolana rechaza categóricamente estos señalamientos y los enmarca dentro de una estrategia más amplia de guerra no convencional. Afirman que el objetivo final es el control de los vastos recursos naturales del país, especialmente su petróleo.
La tensión entre ambas naciones se mantiene elevada, con cada parte defendiendo una versión completamente opuesta de la realidad, dejando a la comunidad internacional ante dos narrativas irreconciliables. La posición de Venezuela es firme: la organización criminal es una fabricación con fines políticos y económicos claros.
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