Por Fernando A. De León
El obtuso fanatismo, suele hasta banalizar el profesionalismo. Con los atisbos del desacertado enfoque del anti-haitianismo, en programas de entretenimientos, paneles, y comentarios; se ha caricaturizado el rol de lo que debe ser un periodista que también funge como reportero.
Aunque muchos lo subestimen, el reportero experimentado juega un gran papel en la República Dominicana. Ser profesional en ese segmento no es para improvisados, publicistas, faranduleros, periodistas de “postalitas”, simples comunicadores, ni presuntos intelectuales. ¡No! Reportar como se debe, requiere de entrenamiento y veteranía.
Eso de canalizar noticias, asumiendo la debida estrategia nada tiene que ver con la vehemencia de quienes defendiendo una causa laceran las aristas deontológicas y desnaturalizan el papel del periodista-reportero. Al margen de esto, no se está en contra de la feria de las ideas, solo nos referimos al deber de un profesional de la comunicación.
Y, estamos seguros que la dirección atinada de esa tarea, solo se consigue con alguien que sepa el intríngulis de ese oficio y, sobre todo, que tenga sobrada experiencia. Por ello es necesario el ejercicio en periódicos escritos, digitalizados, en televisión y radios, donde haya un equipo del que se abreve conocimientos.
Si no es así, como hemos visto, algunos, aunque educados y con buenas intenciones servirán de instrumento de aquellos que, por ejemplo, en el caso haitiano; muchas veces festinan el profesionalismo y lo deontológico sustituyéndolos por el odio racial.
Y esto es más delicado cuando, además de reportar y saber cuál debe ser la noticia, como en nuestros tiempos; tener que redactarla. En otras palabras, un consumado periodista necesita conocer de estos menesteres. Pero, resulta que ahora con profesiones ajenas a ese noble oficio, muchos, quieren figurar como tales. ¡Oh, zarandeado periodismo que capitaliza!
Es por ello que en ocasiones hemos visto como algunos que hacen el papel de reporteros en los espacios precitados, canalizan mal los exactos objetivos para obtener una información. Algunos, aunque tengan sus simpatías, manifiestan criterios e ideas que se alejan del papel que pretenden asumir. Se supone debe ser informar, apartándose de cualquier criterio particular sobre el tema tratado.
En consecuencia, con el presunto papel de hacer de reportero, se distorsiona lo que debe ser esa área. Hay toda una camada de conductores de programas y otros, con los cuales la credibilidad del periodista dominicano, ha descendido.
El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.
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